Sumergirse en una discusión sobre los peligros para la salud asociados al consumo de alcohol es adentrarse en un campo vasto y crucial.
Si bien el tabaco a menudo acapara la atención en términos de comportamientos de riesgo, el alcohol no se queda atrás en la generación de múltiples problemas de salud. Más allá de las adicciones y los accidentes de tráfico, su consumo está vinculado a diversos tipos de cáncer, enfermedades cardíacas y neurológicas.
La contundencia de la evidencia científica es clara: no existe un nivel seguro de consumo de alcohol. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este hábito puede desencadenar alrededor de 200 enfermedades, además de ocasionar pérdidas económicas y sociales significativas. En edades tempranas, entre los 20 y los 39 años, el alcohol se convierte en la causa del 13,5% de los fallecimientos, posicionándose así como una de las principales causas evitables de muerte y desarrollo de cáncer en menores de 50 años.
La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha levantado la voz de alerta para enfocar la atención en este hábito nocivo y proponer mejoras en el ámbito sanitario. Según esta entidad, aproximadamente el 15% de las consultas médicas en España y más de 150,000 ingresos hospitalarios anuales están relacionados con el consumo de alcohol. Esta sustancia, junto con la cocaína y el cannabis, figura entre las principales causas de atención en urgencias por intoxicaciones.
En el ámbito de la Medicina Interna, alrededor del 10% de los ingresos hospitalarios se deben al consumo de alcohol, siendo las complicaciones de las enfermedades del hígado y neurológicas las que generan mayores desafíos y consumo de recursos. Estas cifras no solo resaltan la magnitud del problema, sino que también subrayan la urgente necesidad de intervenciones efectivas y programas de concientización para abordar esta preocupante realidad de salud pública.
